17 agosto, 2016

El sepulcro de Pletón


Retrato de Gemisto Pletón en Benozzo Gozzoli, Viaje de los Magos (Florencia, Palazzo Medici Riccardi, 1459-1461)
La catedral inacabada del excomulgado condottiere, Sigismondo Pandolfo Malatesta, en la ciudad de Rímini, esconde una curiosa inscripcion. De hecho, no la esconde, digamos que más bien la exhibe discretamente en su exterior, en un sarcófago dispuesto en la tercera ventana a la derecha de la nave. Desde 1466 está allí, medio a la intemperie, el cadáver de uno de los últimos grandes filosófos neoplatónicos griegos, Georgios Gemistos Pletón. Prueba su grandeza el que, como recordó Marsilio Ficino, fuera él quien inspiró la creación de la Academia Florentina y, en consecuencia, de manera simbólica, fundara todo el humanismo renacentista italiano:
«En el Sínodo de Florencia, organizado con participación de griegos y latinos, Cosimo de' Medici escuchó a menudo a un filósofo griego llamado Gemisto Pletón explicar los misterios platónicos. Sus inspiradas lecciones le provocaron tan fuerte impresión que por entonces concibió la idea de crear una Academia».
El cadáver de Pletón fue robado el año 1466 de su tumba en el Peloponeso, en la ciudad de Mystras –caída en manos turcas–, por sus antiguos discípulos con ayuda de unos mercenarios venecianos a las órdenes de Malatesta, y conducido a Rimini «para que nuestro gran maestro descanse entre gente libre», y para autorizar con su presencia la fuerte iconografía pagana neoplatónica de la iglesia de Malatesta. La inscripción del sarcófago plantea un interesante problema histórico y geográfico: desde cuándo Bizancio se llamó Bizancio.


La pregunta podría parecer trivial de entrada. Vale la pena revisar el origen del nombre.

El Imperio «bizantino» en realidad nunca vivió bajo tal denominación, que nace y se usa exclusivamente en la historiografía. El término fue acuñado cerca de un siglo después de la caída del Imperio Romano –como era realmente llamado– por un historiador humanista germano, Hieronymus Wolf.

Wolf aprendió griego de modo autodidacta. En 1549 publicó la primera traducción de los discursos de Demóstenes. Desde 1551 trabajó en la biblioteca Fugger de Augsburgo, donde catalogó los manuscritos medievales griegos llegados desde Venecia. En 1557 publicó su trabajo principal, el Corpus Historiae Byzantinae, compilado a partir de las fuentes griegas de la biblioteca de Augsburgo. Con él, inadvertidamente, reescribió la historia del mundo. Cuando a principios del s. XVII Luis XIV de Francia encargó una similar compilación de las fuentes supervivientes de la historia de Constantinopla, tuvieron que basarse, obviamente, en el trabajo de Wolf. De este modo, Phillippe Labbé, el jesuita responsable del proyecto, ni se molestó en buscar un título alternativo para sus colección de 34 volúmenes: Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae. Los estudiosos dedicados a las postrimerías del Imperio Romano, al centrarse en Constantinopla, todos asumieron esta terminología (p.e. Corpus Scriptorum Historiae Byzantinae, Bonn 1822-1897). El adjetivo «bizantino» que durante la Ilustración se extendio por todo el mundo, especialemnte gracias a los escritos de Montesquieu, ya fue imposible de despegar del (último) Imperio Romano. Y el adjetivo iba también cargado de connotaciones explícitamente negativas deducidas de las supuestas características del aparato de poder: intrigas cortesanas, burocracia compleja, ceremonialismo sobrecargado e incomprensible y diplomacia fraudulenta.

El Emperador Constantino I entrega la ciudad a Cristo y la Virgen María. Mosaico, Hagia Sophia, ca. 1000

El carácter problemático del adjetivo «bizantino» puede verse en estos tres ejemplos:

¿Un país? — Un estado llamado «Bizancio» o un «Imperio Bizantino» no han existido nunca en la historia real del mundo. Si alguien hubiera usado tal término entre los siglos VI y XV, nadie le habría entendido. El nombre oficial del estado centralizado en Constantinopla y de lengua griega era Βασιλεία τῶν Ῥωμαίων (Basileia tōn Rōmaiōn), es decir, Roma en su fase final. Sus ciudadanos se autodenominaban romanos aun siendo conscientes de su herencia helenística. En la historia no se marcan cesuras tan tajantes como la de una fecha a partir de la cual Roma devino Bizancio. La raíz del problema es que con la coronación de Carlomagno el Imperio romano ganó un contendiente que buscaba fortalecer su propia legitimidad. Para ello buscó despojar al Imperio de su carácter romano, llamándolo Grecia, o Imperio de Constantinopla, pero nunca Bizancio. Este empeño adquirió carta de naturaleza con el Sacro Imperio Romano (Germánico) de Otón I, pero no obtuvo su victoria definitiva hasta que el auténtico Imperio Romano fue engullido por la marea turca. Cuando Wolf entró en escena ya no quedaba nadie que fuera a protestar contra el apelativo «bizantino».

Mapa de Constantinopla (1422). Es el mapa más antiguo que se conserva de la ciudad, y el único
anterior a la conquista por los turcos

¿Una ciudad? — La ciudad de Bizancio existió, en el sitio de Constantinopla, la moderna Estambul, sobre el promontorio que toca la bahía del Cuerno de Oro y el Mar de Mármara, frente a Calcedonia, la «ciudad de los ciegos», que no se percató de que aquella costa opuesta era mucho mejor para instalar una ciudad. La fundaron colonos de Megara a las órdenes de su caudillo Byzas, a la altura de lo que luego se conocería como «la primera colina». En el 330 el emperador Constantino rehizo por completo bajo patrones romanos el primitivo asentamiento, que pasó a llamarse Constantinopla, o Nueva o Segunda Roma. No podía de este modo asociarse con el Imperio Romano (Oriental) pues la historia de aquella ciudad de Bizancio acabó en el momento en que éste nació con la fundación de Constantinopla..

El animal heráldico de la dinastía de los Paleólogos, el águila bicéfala

¿Un personaje famoso? — Hasta la Navidad del año 800, aparte de unos pocos autoproclamados emperadores, nadie cuestionó que el Emperador romano gobernaba desde Constantinopla. Incluso los papas de Roma reconocieron su supremacía hasta finales del s. VIII, acuñaron moneda según el modelo de Constantinopla y fecharon sus documentos siguiendo los años de sus emperadores hasta 781/782. Una vez que el papa León III coronó a Carlomagno en Roma, tuvieron que definir un nuevo título porque, a pesar de que por entonces el Imperio Romano Oriental estaba regido momentáneamente por una mujer, nadie pensaba que Carlomagno fuera a desplazase hasta Constantinopla para gobernar desde allí todo el Imperio Romano. Entre 800 y 1461 los títulos de Emperador del Imperio Romano Oriental y Occidental convivieron en paralelo. Y en este periodo fueron los emperadores occidentales quienes se sintieron más proclives a ostentar la «romanidad» de su cetro. En consecuencia, llamaban «griegos» a los emperadores de Constantinopla, que desde Heraclio dejaron de usar el título de «augustus» para adoptar el griego «basileus». El idioma oficial del imperio era el griego pero el estado mismo, sus gobernantes y su organización eran los sucesores legítimos del Imperio Romano. Por esta razón nada sentían en Constantinopla como mayor insulto diplomático que oírse nombrar «imperio –o emperador– griego». Liutprando de Cremona, legado del Sacro Emperador Romano Otón, cuenta cómo recibían a quienes llegaban con cartas dirigidas de este tenor:.
Los griegos reñían al mar y maldecían el océano, y se mostraban vivamente extrañados de que las olas no se hubieran abierto para engullir el barco en el que un monstruo tal viajaba. «Un extranjero», gritaban, «un mendigo romano se atreve a llamar al único, grande y majestuoso emperador romano, Nicéforo,  "¡emperador de los griegos!" ¿Qué debemos hacer con estas gentes sacrílegas, y perdidas? Son pobres gusanos; si los matamos, contaminaremos nuestras manos con sangre vil.» Y así, encerraron a los emisarios papales en prisión y remitieron la carta pecaminosa a Nicéforo en Mesopotamia……
Pero qué tiene todo esto que ver con la inscripción del sepulcro de Pletón.

El epitafio de Rímini llama al filósofo «bizantino»:


IEMISTII•BIZANTII•PHILOSOPHOR[um]•SVA•TEMP[ore]•PRINCIPIS•RELIQVVM•
SIGISMVNDVS•PANDVLFVS•MAL[atesta]•PAN[dulfi]•F[ilius]•BELLI•PELOP[onnesiaci]•ADVERSVS•TVRCOR[um]•
REGEM•IMP[erator]•OB•INGENTEM•ERVDITORVM•QVO•FLAGRAT•AMOREM•
HVC•AFFERENDVM•INTROQVE•MITtENDVM•CVRAVIT•MCCCCLXV•
Los restos mortales del bizantino Gemisto Pletón, el más grande filósofo de su tiempo, fueron traídos hasta aquí por Sigismondo Pandolfo Malatesta, hijo de Pandolfo, comandante de la guerra peloponesa emprendida contra el imperio de los turcos, y, inspirado por su ardiente amor hacia las personas sabias, los depositó aquí en 1465.
Aparte de Gemisto Pletón hubo más gentes «bizantinas» conocidas. Por ejemplo, el astrónomo Epígenes de Bizancio, que vivió hacia el año 200 y, por tanto, realmente era de la ciudad de Bizancio. Lo mismo ocurre con su contemporáneo, el lingüista Aristófanes, que también fue un auténtico «bizantino». En situación algo más confusa está Esteban de Bizancio, lexicógrafo griego conocido por su obra geográfica Ethnica, sobre la antigua Grecia. En sus obras publicadas en Europa su nombre se escribió solo como «Stephanus» hasta 1678, en la edición de Amsterdam. En la edición de Leiden de 1688 ya se le nombra como «Esteban de Bizancio». Es decir, fue sencillamente rebautizado en algún momento del último tercio del s. XVII.

Si asumimos que la inscripción del sarcófago no se hizo después de la obra de Wolf de 1557 (y el tallador estaba al tanto de las últimas investigaciones científicas), tendremos que admitir también que el término «bizantino» ya existía antes de 1557 como otro de los típicos hiperclasicismos renacentistas (como Istrópolis en lugar de Posonium), pero aplicado exclusivamente a la ciudad, no al estado. Wolf probablemente estuvo al tanto de este uso, y mientras trataba de marcar un corte entre la literatura y las fuentes griegas antiguas y medievales, adoptó el término «bizantino» que luego se extendería, gracias a su obra, para designar a todo el Imperio Romano con centro en Constantinopla.

Bizancio, como aquel genio del cuento, salió volando escapado de la lámpara de Wolf, y es improbable que podamos comprimirlo de nuevo allí dentro. Hoy en día, si alguien habla del Imperio Romano en relación con el período entre los siglos VI y XV, sorprende a sus oyentes tanto como si aplicara el término Imperio Bizantino en aquellos mismos siglos.

Piero della Francesca: Bautismo de Cristo, 1448-1450 (Londres, National Gallery). Según Carlo Ginzburg y otros historiadores del arte, las figuras ataviadas de manera exótica al fondo son teólogos ortodoxos orientales que están discutiendo el tema central del Sínodo de Florencia (1439-1442), el Filioque, es decir, la relación entre las personas de la Trinidad. Por lo tanto, después de muchos siglos, son las primeras figuras bizantinas representadas en el arte occidental, y hay una buena probabilidad de que Gemisto Pletón se encontrara entre ellos


12 julio, 2016

Sangre

Vitkovce / Witkensdorf / Vitfalva, Spíš / Zips / Szepesség, Eslovaquia







11 julio, 2016

Curiosidad


«El demonio, como gran parlero, habla lo que se le antoja», dice Benito Remigio Noydens (Práctica de Exorcistas y Ministros de la Iglesia, Barcelona, 1693 –1ª ed. 1660–, p. 19), así que tenerlo delante y dispuesto a entablar conversación es lógico que despierte en el exorcista una curiosidad irresistible y se vea impelido a preguntarle sobre lo divino y lo humano. Pero eso ha de evitarlo con todo cuidado o incurrirá en graves perjuicios. El demonio es capaz de «revelar secretos y cosas notables que acontecieron en tierras extrañas» (19), pero miente, malmete, enreda, inventa, es tan persuasivo como engañador y aprovechará para sembrar cizaña entre los vecinos divulgando insidias y pecados que se mantenían ocultos.

Debe ser muy cauteloso el exorcista y solo indagar, guiado por las justas instrucciones y conjuros de la Iglesia, aquellas cosas que conciernan a su expulsión del cuerpo del «energúmeno» o poseso. Cualquier actitud meramente curiosa es mortal para el exorcista: «Peca mortalmente cuando le pregunta con fin de aprender algo de él, porque es honrarle y quererle tener por maestro, y sería como pedirle y esperar de él algún beneficio». (38) Y añade Noydens de manera imperativa: «No se traben pláticas con el diablo, ni le pregunten nada, nada, nada, ni le respondan nada, nada, nada, sino hagan su oficio cristiana y humildemente». (61) Y guárdese mucho, además, de convertir el exorcismo en un espectáculo público: «Tampoco conviene que asistan personas curiosas, mundanas y vanas», pues el demonio sabrá aprovecharse de la concurrencia:
Y por la experiencia se ha conocido que el demonio tal vez los suele afrentar, manifestando pecados ocultos de unos y otros. Sabiendo esto cierta persona que quería en una ocasión asistir a los exorcismos, quiso confesarse antes de entrar en presencia del demonio, y reconciliándose sacramentalmente, aunque en lugar oculto y distante, dijo el  endemoniado (o el demonio por boca de él): –Ya se confiesa allá uno que ha de venir por acá para que yo no le afrente delante de todos, que por ahí muchos se escapan de mí, porque es cierto que de pecados confesados, ocultados con el sello secreto de la confesión, no puedo yo manifestar ni publicar cosa alguna. (67)
Con todo, alguna vez, aunque sea excepcionalmente, la curiosidad redunda en cierto buen fruto:
Así aconteció en Amberes en el año de 1628, en el Convento de San Francisco, adonde un religioso, exorcizando a una endemoniada en presencia de mucha gente, le preguntó al demonio cuál era la verdadera religión, la de los católicos o la de los calvinistas. Y habiendo mucho tiempo callado, sin querer responder a la pregunta, le obligó con los conjuros y en el nombre de Dios todopoderoso a quien se debe rendimiento y toda reverencia, a que dijese la verdad. En fin respondió el demonio que la religión de los católicos era la verdadera. –Pues si esto es así, replicó el padre, ¿cómo Lutero y Calvino y los demás herejes se desvían de la Iglesia Católica e introducen tantos errores? Respondió: Doormijn ingeven, que quiere decir en nuestro idioma: por mi inspiración y consejo; con que muchos herejes que estaban presentes quedaron confusos y los buenos cristianos más confirmados en la fe. Y viendo el demonio que semejantes preguntas redundaban en el bien de las almas, dijo al sacerdote, queriendo pasar adelante, que le dejase, y si no, que le había de morder. Oyendo esto, el sacerdote le dijo, metiendo los dedos primeros de la mano derecha en la boca de la mujer: –¡Eya, muerda, perro! Y ella quedó con la boca abierta. Y preguntando por qué no le mordía, dijo que que no podía. Y la razón que daba era porque había dicho misa en aquel día y con aquellos dedos había tratado y levantado en sacrificio al Hijo de Dios. Pero que le metiese en la boca los otros dedos y que entonces vería cómo le mordía. –Eso no haré yo, dijo el sacerdote. (22-24)
En un solo caso el buen fray Benito Remigio Noydens (1630-1685)* se desliza a contar una perdonable –y honesta– diversión con el demonio:
También es señal conocida el saber o ejercitar algún arte que nunca aprendieron. Así se vio en cierta ocasión que sacando los espíritus a una labradora un sacerdote, por curiosidad (que siempre se ha de huir en estas ocasiones) preguntó al Demonio qué sabía, y él respondió que era músico: y trayendo una vihuela, de tal manera meneaba los dedos de la villana que parecía el hombre más diestro del mundo; y diciéndole que cantase, había poco que se había inventado uno de los cantares profanos que andaba entonces, como dicen los cortesanos, muy valido. El cantar era Esclavo soy, pero cúyo, eso no lo diré yo, etc. y trocando la letra de aquel cantarcillo, dijo: 
Esclavo soy, pero cúyo,
eso no lo niego yo,
que cúyo soy, me envió
al infierno, donde estoy,
porque dije no era suyo.
La causa de trocar la letra, como dije en otra parte fue, a mi parecer porque el exorcismo se hacía en la iglesia, y por ser el soneto algo profano quiso cantarlo a lo divino para dar a entender el respeto y veneración que se debe tener a los lugares sagrados. (14-15)

Pero, en definitiva, ilustra y deja asentado claramente con otra anécdota que jamás hay que caer en la tentación de tratar a los diablos con ligereza:
Refiere Juan Nider que algunos exorcistas no han salido muy bien librados con decir chanzas al demonio y entre ellos un religioso muy afamado en la ciudad de Colonia, pues habiendo apretado con sus conjuros al demonio, le dijo que quería salir y que le señalase lugar adonde había de ir. Respondiole: In cloacam meam vadas. Y luego salió el demonio muy para su daño, porque queriendo ir de noche a los lugares comunes del convento, le atormentó tan grandemente el demonio en aquellos lugares que harto tuvo que hacer para defenderse y escapar con vida. (36)

29 junio, 2016

Cruzando el puente

bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid bphid

23 junio, 2016

Mi vida


Bulat Okudzhava murió un 12 de junio, hace ahora 19 años.


Bulat Okudzhava: Песенка о моей жизни – Cancioncilla sobre mi vida

А как первая любовь – она сердце жжет.
А вторая любовь – она к первой льнет.
А как третья любовь – ключ дрожит в замке,
ключ дрожит в замке, чемодан в руке.

А как первая война – да ничья вина.
А вторая война – чья-нибудь вина.
А как третья война – лишь моя вина,
а моя вина – она всем видна.

А как первый обман – да на заре туман.
А второй обман – закачался пьян.
А как третий обман – он ночи черней
он ночи черней, он войны страшней.
cuando el primer amor te quema el corazón
cuando el segundo amor se pega al primero
cuando el tercero pone una llave en la cerradura
una llave en la cerradura y una maleta en la mano

cuando la primera guerra no es culpa de nadie
cuando la segunda guerra es culpa de alguien
cuando la tercera guerra es culpa mía
y mi culpa está clara a todo el mundo

cuando el primer desengaño es la niebla del amanecer
cuando el segundo es un revulsivo
cuando el tercero es la noche negra
una noche negra, más terrible que la guerra


13 junio, 2016

Ángel de la luz, ángel de las tinieblas

Así, con esta doble y enfática denominación se alude a Góngora desde que Marcelino Menéndez Pelayo (Historia de las ideas estéticas, 1940 –Madrid, 1993. I, p. 808–), citando de memoria al preceptista Cascales, ahondara en la presunta diferencia, a la postre inexistente, entre una primera etapa «clara» de la poesía del cordobés y otra de oscuridad impenetrable. Francisco Cascales no habló de ningún ángel, utilizó la palabra «príncipe» («de príncipe de la luz [Góngora] se ha hecho príncipe de las tinieblas», Cartas filológicas, Madrid, 1961, p. 189); pero quizá el lapsus de don Marcelino, más allá de acomodarse mentalmente a una más familiar e incluso más coherente imagen de la lucha radical entre la luz y las sombras, revelaba una inquietud de lector ortodoxo y severamente formado en la tradición escrituraria que no podía acabar de resolver.


El recuerdo insidioso podría estar, pensamos, en el conocidísimo villancico de Góngora –que sin duda don Marcelino se sabía de memoria– «Al nacimiento de Cristo Nuestro Señor», cuyo estribillo reza:
Caído se la ha un clavel
hoy a la Aurora del seno:
¡qué glorioso que está el heno,
porque ha caído sobre él!
Robert Jammes, en su edición del texto (1980), se alegra de que después de tres letrillas llenas de «complicaciones dogmáticas», ésta, más clara y ligera, demuestre que «en cuanto Góngora logra evadirse de la teología, sigue siendo Góngora». Justo aquí reviviría, pues, el poeta ángel de la luz que aparece para disipar sus propias sombras.

Pero la aludida contradicción que se oculta como un áspid en estos versos y que podría haber afectado a Menéndez Pelayo en un nivel más profundo que el del mero debate sobre el culteranismo es que en la tradición bíblica solo hay un hijo de la Aurora: Lucifer. Y, además, el participio «caído», tan remachado en la estrofa, no hace sino reforzar este fantasma subliminal. A la mente de don Marcelino tenían que acudir volando las palabras de Isaías 14: 12-15: «¿Cómo caíste del cielo, lucero brillante, hijo de la aurora...», con las que se refiere al ángel maldito despeñado en la oscuridad.
Cuando el silencio tenía
todas las cosas del suelo
y coronada de hielo
reinaba la noche fría,
en medio la monarquía
de tiniebla tan crüel,
caído se le ha un clavel
hoy a la Aurora del seno:
¡qué glorioso que está el heno,
porque ha caído sobre él!
No insinuamos que Góngora estuviera llevando a cabo ningún doble juego satánico, Dios nos asista. Y, obviamente, recordamos también que en el Apocalipsis 22:16, Jesús se presenta como estrella del alba («Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana»), lo que impulsa toda una tradición imaginaria de Cristo como luz del amanecer de un nuevo mundo... Pero hijo de la Aurora, caído, solo hay uno: un ángel de la luz, primero, y ángel de las tinieblas, después. Y no es un clavel, precisamente.

10 junio, 2016

Cartas triangulares


Hace unos días mirábamos con curiosidad esta imagen con unas cartas plegadas en triángulo. Nos llamaba la atención el pliegue en diamante de la carta en el borde de la mesa, y aún más las formas triangulares que están detrás, sobre el cartapacio. Pero hubo un momento en que estos pliegues no eran en absoluto inusuales. Es más, los correos así plegados eran los más valiosos que el cartero podía entregar. Y, tal como nos cuenta la historia que deducimos a partir de los pocos objetos de la imagen, siguieron siendo lo más valioso que jamás entregó el cartero a sus destinatarios en toda su vida. Son письма-треугольники, «cartas triangulares», la forma estándar de la correspondencia de los soldados en la Segunda Guerra Mundial.


Durante la Guerra, los correos desde el frente se enviaban gratis. No podía ser de otra forma porque, sin duda, los sellos serían la última prioridad logística en llegar allá. Aparte, escaseaban las postales y los sobres. Pero el ingenio de los soldados solucionó el problema justo empezada la guerra con un formato que a la vez era la carta y su propio sobre. El plegado es muy similar a cómo, de niños, doblábamos el chacó de nuestros soldados —sin tener entonces ni idea de la existencia de tales cartas fascinantes.


Para escribir la carta servía cualquier hoja arrancada de un folleto, el sacrificio de un papel de fumar, los márgenes de un periódico, más el rato de inactividad de cualquier pausa en el servicio. Su contenido no es más complicado que eso: reiterar el amor a los de casa, un rápido dibujo para los más pequeños que aún no saben leer, o la promesa de volver al acabar la guerra. Cosa que no dependía de ellos.


El plegado tenía otra ventaja: era fácil comprobar el contenido. Estaba prohibido cerrar de modo permanente las misivas. Al parecer, los censores del frente no interceptaban las cartas injuriosas hacia el sistema —según el análisis de las que quedan, apenas ninguna incluye referencias políticas ni tan solo el nombre de Stalin—, sino aquellas con indicaciones de las que se pudiera inferir algún movimiento o plan militar. Si eso se encontraba, era tachado con tinta negra y luego la carta podía seguir su camino. Lo cuenta el oficial de correos del frente Valya Uvarova, por entonces de diecisiete años, en el número de de 7 Mayo de 2008 de Аргументы и факты :

Había una avalancha de cartas fluyendo en ambas direcciones, al frente y desde el frente. Al lado de los servicios postales, en una sala especial «secreta», estaba el censor: su trabajo era abrir y leer las cartas triangulares. Valentina Antonovna recuerda que los censores por lo general tenían una actitud muy humana hacia las cartas del frente. Si sólo unas pocas líneas de ellas contenían indiscreciones militares –como el nombre de la base ocupada o el nombre del cuerpo–, entonces, tras haberlas tachado las dejaban seguir hacia su destinatario. Sólo se prohibía el envío si todo el contenido era de este tipo, pero esto sucedía raramente.



De estas cartas, que durante un tiempo viajaron por millones de oeste a este, aún se conservan miles en colecciones, en manos privadas, en carpetas como la de primera foto. También pueden encontrarse muchas en la web rusa, unidas generalmente a una historia similar a tantas otras y, sin embargo, siempre únicas e irrepetibles

La última carta: aún hasta en febrero de 1951 llegaba a casa una treugolnik del frente

Nos apasiona una colección en especial, las cartas de Yakov Lazirovich Ashurov desde Azerbaiyán. Él nació en Bakú en 1924; alistado a la edad de diecisiete años, murió en Stalingrado en 1942. Sobrevivieron las cartas dirigidas a sus padres en la lengua Tat (juhuri, relacionada con el persa y el kurdo), iraní,  de los judíos europeos de montaña, así como otras escritas en hebreo bíblico.








También se mandaban cartas triangulares al frente. Éstas, por supuesto, iban estampilladas. Y hasta se mandaban al Gulag, como atestigua está carta en letón que vemos abajo, enviada desde Letonia al campo de Pechora en la región de Komi, el 19 de marzo de 1945. La carta se subastó por solo 33 dólares.



El 9 de mayo de 1010, 65º aniversario de la victoria, el estado ruso distribuyó entre los veteranos de guerra un juego de cartas triangulares impreso para la ocasión, ahora ya con sobre, pero se podían mandar así, sin sello a cualquier lugar dentro de Rusia.


Y, finalmente, estas cartas fueron inmortalizadas en famosas canciones contemporáneas de soldados tales como 'Полевая почта, «Correo desde el campo» de Mark Bernes. Estamos buscando una versión que podamos escuchar aquí. Cuando la tengamos la colocaremos enseguida.

В селе далёком плачет Мать от счастья,
Узнав, что сын здоровый и живой.
Ей эту весть сквозь битвы и ненастья
Приносит треугольник полевой.
La madre en el lejano pueblo está llorando
de alegría, sabiendo que su hijo está sano y salvo:
lo supo a través de batallas y tormentas
por la carta triangular llegada desde el frente.


04 junio, 2016

Los recuerdos de los otros

Para saber más de los curiosos sobres rectangulares, ver la entrada siguiente

No, nunca los hemos visto así, bañados en esta luz como de bodegón flamenco, con tan calculado desorden y tan épicas composiciones. Pero los recordamos con exactitud, con la misma fidelidad con que juraríamos recordar el aroma de aquella magdalena. Durante setenta años estos objetos se han empapado de la historia y de los significados que ahora exhalan, como a través de aquellos «cristales lentos» que nos acompañarán a lo largo de toda la vida, tanto tiempo como sepamos guardar la sensación.

Fotos de bodegones soviéticos de Alexander Sennikov, de su galería photosight.ru, donde nos esperan hasta diez veces más.